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Facultad de filología y letras de la universidad de Zaragoza

Descripción de la actuación social y ambiental.

Necesidades detectadas:

La actuación prevista en la universidad de Zaragoza consiste, por una parte, en la demolición del edificio de filología y en su lugar, la construcción de un nuevo edificio departamental. Por otro lado, una reforma integral del edificio central de la facultad (edificio del arquitecto Regino Borobio, catalogado en el PGOU de Zaragoza con un Grado de Protección (B) de interés arquitectónico), lo que implica respetar el volumen y los forjados del edificio, realizando pequeñas y numerosas intervenciones en el interior del edificio.

El Proyecto está sometido a una serie de requisitos en cuanto a la gestión de los RCDs muy exigentes:

  • La certificación BREEAM, en la categoría relativa a “Residuos” y, concretamente, en el requisito RSD 1 Gestión de Residuos de Construcción otorga un punto para la clasificación final si se supera el 80% en la tasa de recuperación de residuos, alcanzándose el Nivel Ejemplar cuando se supere el 95% de tasa de recuperación. 
  • Otro requisito de la certificación BREEAM, el Informe de la Auditoría de Preejecución que tiene por objeto “facilitar información precisa sobre el destino de los residuos generados en la obra”, concluye que en el Proyecto existe una potencialidad de reutilización y reciclaje para los RCDs que alcanzaría aproximadamente el 97% de ellos (considerando que ni para los residuos peligrosos ni para los domésticos proponen operaciones de reutilización y reciclaje). 
  • El Propio Plan de Gestión de Residuos considera la posibilidad de aplicar operaciones de reutilización y reciclado para la práctica totalidad de los RCDs.

Soluciones adoptadas:

La contratación tanto de los trabajos de demolición del edificio de Filología y de demolición parcial del edificio central de la Facultad, así como de los de movimientos de tierras se realizaron siguiendo esos criterios de manera que, en un primer momento se exigía una total segregación de los residuos resultantes en función del tipo de residuo y, sobre todo, de la posibilidad de valorización futura; y, luego, se incluyó la gestión de estos primando su valorización.

Todos los residuos no peligrosos procedentes de los trabajos de demolición de los edificios se entregaron a diferentes gestores (en función de su naturaleza) que certificaron su valorización. Por su parte, la empresa encargada de las excavaciones certificó el uso de las tierras resultantes de las mismas en otras obras de relleno.

En paralelo, en la obra dispuso suficientes contenedores para segregar los residuos resultantes en las operaciones del proyecto cuya gestión se contrató para garantizar su valorización.

Resultados:

Tanto en las labores de construcción, como en las de demolición, se consiguió certificar la gestión, reciclando aproximadamente el 100% de los RCDs de la obra, exceptuando los residuos peligrosos y los considerados como domésticos, valorizándolos y evitando así su disposición en vertedero.